Pobre rebaño evangélico que no tiene ni pastores ni guías y que transitan de arrogante en arrogante, de comerciante en comerciante, de gritón en gritón, de marco polo en marco polo. Con una sensibilidad social paupérrima, con las manos piadosas desocupadas, con una visión parcial del evangelio y una lengua perforada a muchas iniquidades, el inepto pastorado se cree la fantasía de que son embajadores del evangelio social de Jesús. El pastor evangélico farsante pone cara de santo, siempre. Son actores de elite.
Salmo 41:12

De la antología: “Las sotanas de Satán”
No hay comentarios:
Publicar un comentario