martes, 7 de febrero de 2017

El hombre de las mil caras


Evita ser un mal ejemplo bebiéndose las cervezas debajo de una mesa de párvulos. El santo testimonio se cuida con argucias e histrionismo. El festival de la canción lo pone romántico y dulce, y sus pupilas bailan merengue al inspeccionar con cognición las siluetas que el Señor creó. Sin enviciarse compra números de lotería y la televisión no lo ha idiotizado completamente. Escucha canciones sucias con todo el volumen. El domingo se pone su mejor corbata y la villa lo ve yendo a la casa de Dios a canturrear. Este creyente, con una confianza pasmosa, cree firmemente que heredará un diván en la casa del Padre a través de un golpe de suerte, de un abracadabra o de un lloriqueo fino póstumo.

1 Juan 2:16-17; Tito 2:12


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De la antología: “Las sotanas de Satán”






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