Le embelesa compartir el glorioso nuevo pacto con el servicio secreto del reino de Dios. Se atemoriza con la idea de ser identificado por el enemigo y sus subalternos. Cuando huele peligro, huye en sus zapatillas con clavos, con la celeridad de un chisme parroquial. Con la habilidad de un zorro viejo y con gafas, ha conseguido mantenerse de incógnito en los alrededores, en medio de la multitud, en la fábrica y en el campeonato de salsa. Casi nadie se ha enterado de que es un evangélico. En el templo es un arcángel y un barítono.
Lucas 9:26; 2 Timoteo 2:12; 1 Corintios 9:22
De la antología: “Las sotanas de Satán”
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