I
Sólo se preocupa de los suyos, de lo propio. Ora por los vecinos sin socorrerlos, sin avistarlos. Va al te deum evangélico mascullando y los menesterosos lo omiten. Fondeado en su granja espiritual, en su iglú, nunca se ha sentido un desgraciado, un zángano. Catequiza del amor y la caridad y la cara no se le cae. Censura a los religiosos y reparte reproches con un ventilador, airado, mas no encara los melodramas de la villa. De su augusta cueva macabra no sale ni con gas sarín.
Gálatas 2:10; Proverbios 29:19
II
Ese perdedor que chilla en silencio como un miedoso dentro de nosotros, culpa a Dios de nuestras culpas predecibles. Enfadados, creemos merecer más, y no nos consagramos a Aquel que nos bendice a cambio de nada. Si la tibieza espiritual se acuartela, se ensancharán la carne y la podredumbre.
Santiago 4:10; Daniel 10:12
III
Con frío y con el estómago lleno de aire...id en paz. No te impacientes, tal vez algún día me acuerde de ti.
Santiago 2:16-17

De la antología: “Las sotanas de Satán”
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