I
Si discipulas bien, el llanto por las ofrendas lívidas, por la insensibilidad social parroquial y por la pecaminosidad afianzada acabará, y ya no espigarás escasamente. Preocúpate tú por las ovejas novatas hasta lo imposible. No delegues. Si enseñas mal clausura la misión y vende noblemente pan amasado o seguros.
Mateo 28:19-20; Hechos 6:4
II
Eres evangélico y tu depresiva pobreza continúa inmóvil, con lustros marcando tu tarjeta de asistencia en el templo. Tantos veranos sin sentir calor es incongruente. Tus frígidos desvelos no se malhumoran con tu bolsillo macilento.
Siendo dócil en la causa, luchas con ñeque ¿Te enrolaste, armando utopías lacrimógenas? Años de mediocridad económica, anhelos resignados y definitivamente no logras salir a flote. Los discipuladores y tú están mal discipulados ¿El futuro en estado de coma con Cristo adentro?
Los pastores ineptos no extirpan las penurias ni deletrearán la palabra prosperidad. El rebaño acaricia privaciones por barriles.
De rabia sollozan y lamentarse no es crecer. No dinamitan la miseria, la desgracia encolada.
Tal vez el dueño del firmamento te convide una miga. El discípulo posee el derecho a la bendición económica. Las billeteras suben de peso con la oración eficaz y el duro quehacer. Dios no bendice a los vagos. El estado del alma es el resorte de la prosperidad.
Deuteronomio 29:9; Salmo 1:1-3; Salmo 37:5

De la antología: “Las sotanas de Satán”
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