Las piedras callan con encono queriéndome inculpar. Vistazos incisivos y provocativos, silencios punzantes y agudos me citan al tribunal.
Soy el epicentro del tifón. El vendaval me atrapó, las lancetas son mías y a mi alma la atraviesa una daga. Llevo meses postrado.
Nadie está conmigo y ya parezco milonga de bar. Nadie me aprecia de veras y soy el iris de las maquinaciones. Simplemente me lesionarán.
Yo soy el culpable de mi vendimia incoherente. No me han presentado cargos y el Salvador me esperó con la mesa servida. Me entretuve siendo grosero e indiferente.
Proverbios 28:1
De la antología: “Las sotanas de Satán”
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