martes, 7 de febrero de 2017

Delirium tremens



I

En esta fraternidad de pastores evangélicos se aman los unos con los otros con frenesí, cada uno se niega a sí mismo una y setenta veces siete, todos se someten al líder elegido, se desprenden hasta de la camisa por el otro siervo, nadie llega atrasado a las citas conciliares, nadie falta a las convocatorias en el Señor, todos aportan y se saludan con el abrazo del oso. Es la locura misma ver como ayunan todos juntos una vez a la semana aunque lluevan granizos. La cohesión pastoral es un mandamiento que hasta el más mundano de los pastores respeta sin contenciones, sin disonancias, sin desmembramientos. No existe el degenerado que dañe la unidad pastoral, por esto son tan felices y prósperos en todo. Gracias Señor. El ciudadano común se congela al advertir tanto deleite y adherencia entre los ensamblados del Padre. Amén.

Juan 17:22; Juan 13:14; Romanos 12:5

II

Mi pastor no oye los consejos que le indican que la embarra medio a medio y con homogeneidad. Mi pastor insiste en poseer seis alas espirituales que nunca lo transportan a los edificantes ayunos o a visitar a algún famélico ser humano. Mi pastor, engatusado y posesionado, rebuzna con su Biblia de letra grande apegada al pecho, sin obstruirse. Cuando ora por la altivez, por los de cabeza dura, es una hoguera de pureza y discernimiento.

Gálatas 6:2-3


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De la antología: “Las sotanas de Satán”





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