I
Automóvil de amo, grueso anillo de oro, dominador del rubro de las comunicaciones, recaudador de sumas elevadas, camisa de seda, corbata reluciente y un espiritual lenguaje consumista. Inversor formal y de buena presencia. Ama a los menesterosos bien de lejos, con pasión. A los mendigos los visita en sueños y en profecías y deja de ser austero cuando no procede, comunicacionalmente. Es un experto en portar el mensaje del Señor. Profesional del púlpito y licenciado en teología. Ora con fe por los postergados y se incomoda cuando se le desordena el peinado. Ayuda con lágrimas y sermones a los cristianos que sí visitan las cárceles y los hospitales. Cada hora de su jornada vale un gramo de zafiro. La oración al Padre dentro de un automotor repleto de dinero sería la llave que abre todos los portones, chimeneas y pasadizos secretos. Es un experto en portar el mensaje del Señor en su maletín de gerente general.
Mateo 19:21; Ezequiel 34:3; Lucas 12:33
II
Se vino en un avión peculiar, hotel de primera calidad, comida de senador, visitas protocolares, entregó el mismo mensaje que los pastores locales y se fue. Las parroquias revisan los gastos y se percatan que los frutos en el largo plazo se evaporaron, algunas deudas no, la doncellez tampoco. Las carencias del inicio del año siguen ahí, con una pequeña y mordaz inflación.
2 Corintios 11:24-30

De la antología: “Las sotanas de Satán”
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