I
La oración disciplinada me es un peso insoportable. La pantalla es compatible con mi carácter. Lo sabio pareciera ser un equilibrio homónimo entre el reino de los cielos y el otro. La sensualidad es mermelada en mi piel y no me desespero por darme cuenta. Mi lengua me acusa con irrefutables pruebas. La carne me gobierna a su antojo detrás de la corona y no me querellaré. Sirvo al Todopoderoso por minutos rigurosamente medidos mas sé que soy un zorro que implora con fe por específicos festines de Satanás.
Romanos 8:5-6; 2 Pedro 2:10
II
El testimonio del evangélico promedio es vergonzoso y deprimente, mas guardar las apariencias es tan significativo como salvar almas.
Lucas 8:13-14
La oración disciplinada me es un peso insoportable. La pantalla es compatible con mi carácter. Lo sabio pareciera ser un equilibrio homónimo entre el reino de los cielos y el otro. La sensualidad es mermelada en mi piel y no me desespero por darme cuenta. Mi lengua me acusa con irrefutables pruebas. La carne me gobierna a su antojo detrás de la corona y no me querellaré. Sirvo al Todopoderoso por minutos rigurosamente medidos mas sé que soy un zorro que implora con fe por específicos festines de Satanás.
Romanos 8:5-6; 2 Pedro 2:10
II
El testimonio del evangélico promedio es vergonzoso y deprimente, mas guardar las apariencias es tan significativo como salvar almas.
Lucas 8:13-14
III
Mis sentidos se extraviaron, mi sensibilidad es distinta, la sensualidad ya no es sombría. Estoy algo desvinculado de Dios. Algo raro me ocurre o tal vez el lío es que nada me acontece, desde hace bastante rato. El predicador me alienta a seguir por la senda sobrenatural y yo sé que estoy purulento.
De la antología: “Las sotanas de Satán”
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