¿Quién dona diez mil? ¿quién da treinta mil? No corran, en la bendición de dar no sobra nadie ¿Quién de los presentes gritó yo? ¿quién es el primer valiente de David? ¿quién anhela ver una sonrisa de deleite en Dios? Aprovechen, que la oferta por esta noche ya se cierra. No extravíes la pulcra oportunidad de auxiliar al decaído presupuesto del reino de Jesucristo. No soslayes la inigualable sensación de conferirle tus ahorros y bienes al mismísimo Señor de señores. Negarte a ceder tu terrenal dinero es una bofetada en cada mejilla al Verbo encarnado en la cruz, un pecado casi imperdonable, una herejía. Que Satán no te envuelva con el abominable espíritu del egoísmo cuando divises el alfolí de Jehová. Clama a Dios por el desprendimiento total. Pon todo tu efectivo en las palmas de Jesús. Que tu monedero salga vacío de este templo. Que el diablo no te tiente con la pérfida idea de dejarte una moneda en los bolsillos. Entrégalo todo con soltura y confianza, con fe en mi devenir religioso y mercantil. Dios Padre se avergüenza por tu avaricia. Eres un maldito carnal que no comprende que si te arruinas, Dios te socorrerá ¿Por qué dudas? Dios no te abandonará. Eres un miedoso. Si regalas lo que posees a esta santa parroquia, del hambre saldrás pronto. Lo vital es atravesar esa cifra que se me reveló. No importan los vidrios rotos o el perjuicio moral. Irrelevante es que la ciudad se ría de ustedes pensando que son una tropa de imbéciles. No es significativo que el evangelio se prostituya, que la iglesia quede como una chupasangre o que quede acreditado que soy un cortabolsas. Lo trascendente es juntar el dinero, rebasando la santa cifra revelada, como sea. Si te vas desnudo a tu dulce hogar, te garantizo que no te resfriarás. Como pastor, dono por nonagésima vez mi anillo. Cristo Jesús lo dio todo y ahora es tu turno. No te comportes como un incrédulo infeliz y mañana calles de oro serán tuyas. No hay prejuicios. Acepto joyas, cheques a fecha, casas, tierras en buen estado, muebles finos, cofres, etc. Cualquier expresión de generosidad es válida. Si estás enfermo y no das, después no te quejes; si estás sano y no das, después no te quejes. No te aterres con esta magnánima advertencia. Permite que este pastor te estruje como a un limón. El que no entrega todo a Dios, no entrega nada ¡Cuidado!, Dios observa con una lupa todos tus cuestionamientos. Si lo das todo, el Señor quintuplicará tu sueldo. Si no reunimos el dinero requerido por la santa meta, el reino de Dios se menoscabará peligrosamente; sería un retroceso en los planes de Cristo en mí y parte del evangelio de la gracia caducaría. Si Dios ingiere pastillas para la depresión tú serás uno de los pajarracos culpables ¿Quién dijo un millón? ¡Aleluya! ¡ Milagro! Sigan ustedes el santo ejemplo de este cristiano que se quedó en la bancarrota por amor a mi obra. Lo sacrosanto en la Trinidad es su presupuesto y un hombre de su absoluta confianza que cuide sus intereses patrimoniales en este escabroso globo. Sin dinero a borbotones, el nuevo pacto desfallece. Soy uno de los tesoreros predilectos del Señor. Si por tu mezquindad no donaste hoy, prepárate para la rimbombante y atrevida campaña monetaria de mañana.
Jeremías 23:2; Ezequiel 34:3; Mateo 23:28
De la antología: “Las sotanas de Satán”
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