Un pastor invitó al gobernador de la región a la inauguración de una misión en el cerro; un pastor metodista, en la misma semana, invitó a esta misma autoridad al aniversario del templo; un pastor pentecostal lo invitó al estadio a una campaña evangelística de milagros. Una directiva de los pastores evangélicos fue a presentar sus respetos al nuevo gobernador en nombre de la iglesia del Dios Todopoderoso, ofreciéndole la cooperación del cohesionado, indivisible y solidario clero protestante local. Otro puñado de pastores fue al despacho por inspiración a decir lo mismo que los otros tres grupos anteriores de dirigentes, llenos de Cristo. También han ido apóstoles, profetas y otros elegidos, para que el desfile en la oficina gubernamental sea tan eterno como el reino de los cielos. Una fraternidad de pastores organizada por hombres medianamente sabios y piadosos canalizaría con sentido común y disciplina las labores de los evangélicos de esta zona, evitándose el caos impregnado existente. El que posea media neura que comprenda. La unidad es una afrenta a la naturaleza del pastor. Son tantas las invitaciones, el desorden y el divisionismo, que el gobernador está convencido que todo se trata de un complot para volverlo loco y alcohólico. La autoridad política no apetece volver a ver el rostro a un evangélico, ni en una fotografía de chofer.
Efesios 5:21; Efesios 4:1
De la antología: “Las sotanas de Satán”
No hay comentarios:
Publicar un comentario