Algunos protestantes aceptan imágenes en la capilla;
otros rechazan el libre albedrío;
otros fuman, mancillando el pulmón ajeno;
otros son cáusticos seductores de pelirrojas y morenas;
a otros no se le revuelve el estómago con el lesbianismo;
otros no creen en el bautismo del Espíritu Santo,
como segunda obra de gracia;
por un problema de carácter,
otros no compatibilizarán con la pureza;
otros no rechazan el racismo en voz alta;
otros no se retuercen con el asesinato de ballenas;
otros toleran algunas suciedades escogidas con cacumen;
otros no son un escudo en contra del alcoholismo;
otros hicieron de las ataduras un hábito eclesiástico;
otros no pierden su alma aunque asalten bancos con una M-16;
otros cayeron en la celada del ecumenismo vaticano;
otros no se adhieren con fuerza a las sanidades divinas;
otros no escupen sobre la teología de la liberación marxista;
otros consumen más lascivia que agua;
otros aún no descubren que el anticristo es un humanista;
otros no desestiman la religiosidad popular;
otros no se escandalizan con la explotación de niños,
inmigrantes, indígenas, analfabetos, mujeres y desesperados;
otros no combaten la reencarnación, el esoterismo,
el agnosticismo, el evolucionismo, el racionalismo, las farras;
otros no ven a Cristo como el Dios único y verdadero;
otros intiman con los cochambres de la televisión;
otros suponen que el catolicismo es reparable;
otros son unos incrédulos prácticos;
otros no satanizan al ladrón de materias primas,
al asaltante de países pobres, a los bandoleros;
otros dudan de la potencia liberadora del Espíritu Santo;
otros, traidores, cercenaron el meollo de la Reforma Protestante;
otros son unos concupiscentes inacabables;
otros ven rayos de sol en el fascismo o en Stalin o en Fidel;
otros no oran por el exterminio de la mariología católica;
otros diseñaron un discipulado sin padecimientos;
otros enterraron el regreso al cristianismo primitivo;
otros no adoran a la Santísima Trinidad postrados;
otros anhelan santificarse en las bibliotecas;
otros danzan con serpentinas y laúdes en el lodo;
otros se mienten con una genialidad envidiable;
otros aún creen que el catolicismo es restaurable;
otros hicieron de la carnalidad de cada día
una religión que incluye al Hijo de Dios;
otros le lamen el trasero al papa, delante de la presencia del Altísimo.
Eludiendo la genuina y transformadora conversión,
otros no han aceptado a Cristo como el dictador de sus vidas.
Son: protestantes que no protestan; galeotes de la carne, del mundo y de Lucifer; perros con sarna y sordera; ataúdes con una Biblia en la mano y un glacial frondoso en el alma.
Mateo 7:21-23; Mateo 12:50; Hechos 5:29
De la antología: “Las sotanas de Satán”
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