Desde un ajarafe acicalado de ángeles
denuncia con su dedo el pecado de los demás.
No se le escapa ni la cojera de una hormiga.
Su puntería es estridente e imponente y mucho más.
No se aparta de los binoculares espaciales
y es un francotirador a la hora de disparar.
No le da un respiro de paz a las tinieblas del otro.
Prefiere chiflarse por el desamor que parar.




Fin del libro “Los santurrones magníficos”
ANTOLOGÍA DE POEMARIOS
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De la antología: “Las sotanas de Satán”



